¿Qué nos queda en este después de la marcha de ayer?
Probablemente una sensación ambigua.
Claro está, la alegría de saber que este tema de la búsqueda de identidad que es el nuestro, y la necesidad de aval y legislación de parte del estado, comience a circular más allá de nosotr@s, los propios interesados, y encuentre eco en la sociedad toda.
A la vez, este primer movimiento más masivo que se intentó generar, puso en evidencia ciertos puntos débiles que deberíamos afrontar:
Que las agrupaciones que desde hace algunos años iniciaron su trabajo en la lucha por la verdadera identidad de origen, vienen trabajando en forma disgregada, a partir de desacuerdos que fueron generando diferentes divisiones.
Prueba de ello resulta la escasa convocatoria de la marcha de ayer, aspecto que puede tener que ver en parte con un estadío de toma de conciencia social que se encuentra en sus inicios, pero es probable que haya influido también la modalidad poco abierta de la convocatoria ( hasta último momento no se sabía qué se iba a presentar ni hacer durante la marcha) que haya hecho que quienes buscan su identidad de origen no se hayan sentido suficientemente informados y representados por las organizaciones convocantes.
Y me refiero sobre todo a lo que ha sido la organización y desarrollo de la marcha en Buenos Aires, que como señalé en anterior nota, tuvo la característica distintiva de llevarse a cabo en horario distinto que las del resto de las provincias en que se realizó también.
A partir de lo sucedido surge la pregunta entiendo que necesaria de parte de las instituciones convocantes: la de si resultan en la actualidad adecuada y suficientemente representativas del colectivo social de los que buscan su identidad.
Ya que sería importante evitar esos males institucionales que vuelven inoperantes muchas veces a las organizaciones de grupo: el aislamiento y ruptura de los vasos comunicantes con el colectivo humano concreto que representan, y el inminente riesgo que eso significa de pérdida del motivo convocante inicial, como así también esos pequeños narcisismos de grupo que suelen armarse, donde cada quien piensa que es el que representa mejor, y donde circula ese humano impulso de apoderamiento de los logros que tan nocivo resulta a la hora de que los objetivos sean grupales y verdaderamente representativos .
Todos estos aspectos llevan a pensar que el después de la marcha requiere de una reflexión de parte de tod@s nosotr@s. Desde nuestro lugar personal frente al tema, pero principalmente y sobre todo, desde las instituciones que han asumido algún propósito de representación de nuestra problemática.
Ya que si hay algo a lo que parece estar convocándonos esta post-marcha es a un mayor diálogo en las diferencias, para representar con mayor fuerza la necesidad que llevó a congregarse allá en su inicio.
miércoles, 9 de junio de 2010
miércoles, 26 de mayo de 2010
Nuestra próxima marcha por la identidad del 8 & los festejos del bicentenario.
Ayer estuve en los festejos del bicentenario de nuestro país.
Participé del momento en que se proyectaban imágenes de estos doscientos años de historia sobre la fachada del cabildo en medio del apretuje popular. Fue una experiencia muy emocionante, no solo por la síntesis histórica que se veía, sino, y sobre todo, por la sensación de fraternidad que se palpaba entre la gente, el reforzamiento de la identidad nacional que se sentía en el ambiente, y la convivencia pacífica en la diversidad de adhesiones que fue muy interesante de comprobar in situ. Según que personaje o momento histórico se mostraba en pantalla, entre la multitud estaban los que aplaudían, los que silbaban, o se mantenían en silencio de acuerdo al nivel de adhesión o rechazo que les despertaban...un fenómeno digno de observar y compartir...
Dado que la multitud era cosa seria, regresamos a casa,y seguimos los festejos por televisión. Más allá de lo que veía, no podía evitar preguntarme todo el tiempo porque TANTA gente allí. Claro que la respuesta escapa a mi posibilidad de análisis;supongo que existirán importantísimas fundamentaciones sociológicas y políticas que puedan explicar la expresión popular que se observó.
Pienso insistentemente en dos cosas que no puedo evitar asociar a nuestra próxima marcha:
- Creo que la gente concurrió a los festejos, entre otros motivos, desde una necesidad de contención y alivio a apremiantes necesidades y carencias actuales, de manera tal de quedar tod@s abarcados en un mismo marco superador: el ser argentino, la identidad nacional.
- Creo que fue muy importante para la participación, la cuestión de que en“casi" todos los casos, es algo que veremos una sola vez en nuestra vida, es decir, se trataba de un asunto que nos enfrenta de una u otra manera a nuestra finitud como seres humanos.
¿Y qué tiene que ver esto con nuestra marcha?...supongo que bastante, ya que nosotr@s, los que buscamos nuestro origen, somos ciudadan@s que tenemos una necesidad social a la cual el estado y sus sucesivos gobiernos tienen una enorme dificultad de escuchar: la necesidad de que se organice, reglamente, legisle y brinde espacio de algún tipo a nuestra problemática.
Por eso la marcha.
Por lo demás, intentamos evolucionar desde nuestro lugar de apropiados, expropiados, víctimas, sobrevivientes, hacia otro de constructores- participantes de esta realidad que nos toca (ver últimas traducciones de Patri), y en ese sentido la marcha puede ayudarnos y mucho, a dar un paso en dirección al armado de un conjunto en lo que hace a una búsqueda que nos es común.
Quiero decir: hacer algo, y junt@s, por este aspecto de nuestras vidas.
En cuanto a la finitud...nuestras vidas tienen un tiempo limitado. Para todo. Incluso para resolver el proceso interior y exterior de nuestra búsqueda.
Y eso es algo que por momentos puede experimentarse como sumamente angustiante, ya que nos enfrenta a la posibilidad de que una parte fundamental de nuestra existencia pueda llegar a quedar inconclusa si es que no tenemos la posibilidad de hallar a nuestras familias de origen.
De ahí que sea tan importante que nos juntemos de todas las maneras que se nos ocurran: grupos virtuales, reales, marchas, lo que sea...
Es que tenemos la necesidad de ayudarnos entre tod@s a mitigar, al menos en algo, esta ausencia con la que circulamos por la vida.
Participé del momento en que se proyectaban imágenes de estos doscientos años de historia sobre la fachada del cabildo en medio del apretuje popular. Fue una experiencia muy emocionante, no solo por la síntesis histórica que se veía, sino, y sobre todo, por la sensación de fraternidad que se palpaba entre la gente, el reforzamiento de la identidad nacional que se sentía en el ambiente, y la convivencia pacífica en la diversidad de adhesiones que fue muy interesante de comprobar in situ. Según que personaje o momento histórico se mostraba en pantalla, entre la multitud estaban los que aplaudían, los que silbaban, o se mantenían en silencio de acuerdo al nivel de adhesión o rechazo que les despertaban...un fenómeno digno de observar y compartir...
Dado que la multitud era cosa seria, regresamos a casa,y seguimos los festejos por televisión. Más allá de lo que veía, no podía evitar preguntarme todo el tiempo porque TANTA gente allí. Claro que la respuesta escapa a mi posibilidad de análisis;supongo que existirán importantísimas fundamentaciones sociológicas y políticas que puedan explicar la expresión popular que se observó.
Pienso insistentemente en dos cosas que no puedo evitar asociar a nuestra próxima marcha:
- Creo que la gente concurrió a los festejos, entre otros motivos, desde una necesidad de contención y alivio a apremiantes necesidades y carencias actuales, de manera tal de quedar tod@s abarcados en un mismo marco superador: el ser argentino, la identidad nacional.
- Creo que fue muy importante para la participación, la cuestión de que en“casi" todos los casos, es algo que veremos una sola vez en nuestra vida, es decir, se trataba de un asunto que nos enfrenta de una u otra manera a nuestra finitud como seres humanos.
¿Y qué tiene que ver esto con nuestra marcha?...supongo que bastante, ya que nosotr@s, los que buscamos nuestro origen, somos ciudadan@s que tenemos una necesidad social a la cual el estado y sus sucesivos gobiernos tienen una enorme dificultad de escuchar: la necesidad de que se organice, reglamente, legisle y brinde espacio de algún tipo a nuestra problemática.
Por eso la marcha.
Por lo demás, intentamos evolucionar desde nuestro lugar de apropiados, expropiados, víctimas, sobrevivientes, hacia otro de constructores- participantes de esta realidad que nos toca (ver últimas traducciones de Patri), y en ese sentido la marcha puede ayudarnos y mucho, a dar un paso en dirección al armado de un conjunto en lo que hace a una búsqueda que nos es común.
Quiero decir: hacer algo, y junt@s, por este aspecto de nuestras vidas.
En cuanto a la finitud...nuestras vidas tienen un tiempo limitado. Para todo. Incluso para resolver el proceso interior y exterior de nuestra búsqueda.
Y eso es algo que por momentos puede experimentarse como sumamente angustiante, ya que nos enfrenta a la posibilidad de que una parte fundamental de nuestra existencia pueda llegar a quedar inconclusa si es que no tenemos la posibilidad de hallar a nuestras familias de origen.
De ahí que sea tan importante que nos juntemos de todas las maneras que se nos ocurran: grupos virtuales, reales, marchas, lo que sea...
Es que tenemos la necesidad de ayudarnos entre tod@s a mitigar, al menos en algo, esta ausencia con la que circulamos por la vida.
lunes, 17 de mayo de 2010
Hispana a su hija (cuarta carta).
Querida hija:
Es de mañana, alrededor de las diez. Estoy en camisón todavía, deambulando por la casa, sin lograr arrancar con las cosas del día. Debería vestirme y salir cuanto antes; sin embargo, no puedo. Una y otra vez retorna a mi mente la misma pregunta: ¿Qué sigue hija? ¿qué sigue ahora? ¿Cómo continuar después de vencer la gran barrera de mi “amnesia”, y luego de haber enunciado para vos las interminables letanías de mi pedido de perdón?
Necesito cuando menos no digo ordenar mis ideas, es imposible eso en esta etapa de mi vida según veo, pero quisiera al menos tomarme ese momento de imaginarme que te hablo y me escuchas, me recibís, me entendés. ..
Además, anoche dormí muy mal hija, entrecortado, sobrellevando la noche entera un sueño que por momentos me parecía real, y no sé, tengo esa sensación fea de querer seguir durmiendo el día entero, y a la vez, durante la noche había momentos en los que quería escaparme del sueño, despertar y salir corriendo.
Me veía caminando por la vereda de una calle ancha, una especie de avenida. Yo andaba despacio; llevaba una bolsa muy grande y pesada, mis ropas se veían algo viejas, desgreñadas, y por alguna razón, no sé cual, me había quedado sin casa.
Como no podía levantar esa especie de enorme bolsa de consorcio negra que supongo que portaría mis pertenencias, la llevaba a la rastra prácticamente; tenía una sensación de mucho cansancio, tanto que en un momento dado me acomodaba en un recoveco de una vidriera y me iba quedando dormida.
De repente, a lo lejos, comienzo a sentir una especie de murmullo, primero lejano, después más nítido cada vez; levanto la mirada y veo avanzar por el pavimento una columna de personas que vienen caminando en una especie de marcha. Entonces yo me acerco al cordón, tratando de despabilarme. Algo más cerca, veo que esas personas, de edades diferentes, portan cada una un cartel, un rectángulo de cartón que llevan colgado con una cinta. Este cartón se apoya sobre su pecho, y entrecerrando mis ojos alcanzo a ver, no a leer nítidamente, que cada uno tiene un nombre, casi todos dicen: doctor, o partera, y una fecha de nacimiento.
En ese momento, dentro mismo del sueño, siento que mi corazón da un vuelco; suelto mi bolsa, la dejo tirada ahí, junto al cordón, porque tengo un instante de claridad, luminosa y radiante que me hace dar cuenta de que ahí, entre medio de esa gente puede ser que estés vos.
Empiezo entonces a moverme entre la multitud: primero lentamente, luego a medida que la masa avanza y llega a su final, lo hago cada vez más rápido. Al principio solamente miro, después directamente los paro uno por uno, a todos los que puedo con un movimiento en seco para leer mejor los datos, pero ninguno coincide con los tuyos; a la par que les pregunto cada vez más desesperadamente ¿dónde naciste? ¿dónde naciste? Pero me doy cuenta de que algo pasa. No sé si es que la gente me ignora, o me rechazan por mi aspecto, o que no me ven directamente, como si yo fuera invisible.
Al final hija, la escena toma un tinte bastante dramático: mis movimientos se van tornando cada vez más rápidos, al punto tal que termino girando sobre mi misma y muy mareada, a punto de caerme casi, agarrándome con una mano del cordón de la vereda viendo a la multitud alejarse y con una extrañísima sensación de real invisibilidad y de mucha tristeza por haber perdido la posibilidad de encontrarte.
Por suerte, no fue más que un sueño hija. Más precisamente una pesadilla, y confío en que la vida me ayudará a que no sea una realidad.
Porque la realidad hija, la más inmediata y la más importante que hace a nosotras, es que anoche leí que sí va a haber una marcha; una marcha de la vida real de la gente que busca sus orígenes, y tal vez el sueño haya ocurrido por esa noticia que leí.
Porque más allá de que esa cantidad de gente quiera movilizarse para lograr leyes y respuesta del estado a su situación, cosa que comprendo y te imaginarás que apoyo,
¿sabés que me imaginé yo, justo antes de dormirme? Lo que se veía en el sueño: que la gente caminaba en la marcha con un cartel con sus datos de nacimiento, y que tal vez yo podría concurrir para intentar encontrarte. Es cierto también que mi pensamiento no quedó en una mera linda ensoñación, y que me enredé pensando en que pasaría si te encuentro con el resto de mi vida, con las personas que me rodean.
Porque mis hijas no saben de tu existencia hija. Porque mi esposo no lo toma en cuenta como algo real de mi historia. Lo hablamos una sola vez cuando éramos novios, y es un tema que nunca más se tocó. Y es también una pesada carga que arrastro en mi vida, como esa bolsa llena de piedras de mi sueño, con la que no sé que hacer, ni dónde poner.
Sin embargo quiero que sepas que no por eso dejo de planteármelo, de preguntármelo, últimamente cada vez más, y sé que si he de en algún momento decidirme a buscarte, tengo primero que resolver este punto.
Porque además me voy dando cuenta de que no tengo derecho a condenarte a una invisibilidad eterna en mi vida ¿no? Inclusive no sé si no debería hablar de esto con mi familia, aún cuando nunca te encontrara ( tampoco puedo imaginar que eso pase).
Claro está que también tengo el temor de que prefieras que yo permanezca invisible, pero bueno, habrá que enfrentarlo, darle chances al menos a que la realidad se manifieste.
Creo que prefiero asumir ese riesgo a seguir soñando o imaginando nada más.
Por aquí ando hija mía, luchando por dejar salir de mí los sentimientos que siempre estuvieron.
Acordate de hacerte un enorme cartel con tus datos para la marcha del 8. Yo también debería llevar uno, creo.
Lo principal ahora es trabajar conmigo misma y con mis miedos para atreverme a ir, para mantenerme abierta a tu existencia, frente a lo que ha sido el secreto por siempre guardado, el que nadie a mi alrededor conoce.
Te mando todo el cariño que me va emergiendo, que es mucho.
Hispana, tu madre.
Nota: Recuerden que Hispana es un personaje de ficción, como así también las cartas que escribe.
Si lees y tenés un momento, podés dejar tu comentario. Gracias.
Es de mañana, alrededor de las diez. Estoy en camisón todavía, deambulando por la casa, sin lograr arrancar con las cosas del día. Debería vestirme y salir cuanto antes; sin embargo, no puedo. Una y otra vez retorna a mi mente la misma pregunta: ¿Qué sigue hija? ¿qué sigue ahora? ¿Cómo continuar después de vencer la gran barrera de mi “amnesia”, y luego de haber enunciado para vos las interminables letanías de mi pedido de perdón?
Necesito cuando menos no digo ordenar mis ideas, es imposible eso en esta etapa de mi vida según veo, pero quisiera al menos tomarme ese momento de imaginarme que te hablo y me escuchas, me recibís, me entendés. ..
Además, anoche dormí muy mal hija, entrecortado, sobrellevando la noche entera un sueño que por momentos me parecía real, y no sé, tengo esa sensación fea de querer seguir durmiendo el día entero, y a la vez, durante la noche había momentos en los que quería escaparme del sueño, despertar y salir corriendo.
Me veía caminando por la vereda de una calle ancha, una especie de avenida. Yo andaba despacio; llevaba una bolsa muy grande y pesada, mis ropas se veían algo viejas, desgreñadas, y por alguna razón, no sé cual, me había quedado sin casa.
Como no podía levantar esa especie de enorme bolsa de consorcio negra que supongo que portaría mis pertenencias, la llevaba a la rastra prácticamente; tenía una sensación de mucho cansancio, tanto que en un momento dado me acomodaba en un recoveco de una vidriera y me iba quedando dormida.
De repente, a lo lejos, comienzo a sentir una especie de murmullo, primero lejano, después más nítido cada vez; levanto la mirada y veo avanzar por el pavimento una columna de personas que vienen caminando en una especie de marcha. Entonces yo me acerco al cordón, tratando de despabilarme. Algo más cerca, veo que esas personas, de edades diferentes, portan cada una un cartel, un rectángulo de cartón que llevan colgado con una cinta. Este cartón se apoya sobre su pecho, y entrecerrando mis ojos alcanzo a ver, no a leer nítidamente, que cada uno tiene un nombre, casi todos dicen: doctor, o partera, y una fecha de nacimiento.
En ese momento, dentro mismo del sueño, siento que mi corazón da un vuelco; suelto mi bolsa, la dejo tirada ahí, junto al cordón, porque tengo un instante de claridad, luminosa y radiante que me hace dar cuenta de que ahí, entre medio de esa gente puede ser que estés vos.
Empiezo entonces a moverme entre la multitud: primero lentamente, luego a medida que la masa avanza y llega a su final, lo hago cada vez más rápido. Al principio solamente miro, después directamente los paro uno por uno, a todos los que puedo con un movimiento en seco para leer mejor los datos, pero ninguno coincide con los tuyos; a la par que les pregunto cada vez más desesperadamente ¿dónde naciste? ¿dónde naciste? Pero me doy cuenta de que algo pasa. No sé si es que la gente me ignora, o me rechazan por mi aspecto, o que no me ven directamente, como si yo fuera invisible.
Al final hija, la escena toma un tinte bastante dramático: mis movimientos se van tornando cada vez más rápidos, al punto tal que termino girando sobre mi misma y muy mareada, a punto de caerme casi, agarrándome con una mano del cordón de la vereda viendo a la multitud alejarse y con una extrañísima sensación de real invisibilidad y de mucha tristeza por haber perdido la posibilidad de encontrarte.
Por suerte, no fue más que un sueño hija. Más precisamente una pesadilla, y confío en que la vida me ayudará a que no sea una realidad.
Porque la realidad hija, la más inmediata y la más importante que hace a nosotras, es que anoche leí que sí va a haber una marcha; una marcha de la vida real de la gente que busca sus orígenes, y tal vez el sueño haya ocurrido por esa noticia que leí.
Porque más allá de que esa cantidad de gente quiera movilizarse para lograr leyes y respuesta del estado a su situación, cosa que comprendo y te imaginarás que apoyo,
¿sabés que me imaginé yo, justo antes de dormirme? Lo que se veía en el sueño: que la gente caminaba en la marcha con un cartel con sus datos de nacimiento, y que tal vez yo podría concurrir para intentar encontrarte. Es cierto también que mi pensamiento no quedó en una mera linda ensoñación, y que me enredé pensando en que pasaría si te encuentro con el resto de mi vida, con las personas que me rodean.
Porque mis hijas no saben de tu existencia hija. Porque mi esposo no lo toma en cuenta como algo real de mi historia. Lo hablamos una sola vez cuando éramos novios, y es un tema que nunca más se tocó. Y es también una pesada carga que arrastro en mi vida, como esa bolsa llena de piedras de mi sueño, con la que no sé que hacer, ni dónde poner.
Sin embargo quiero que sepas que no por eso dejo de planteármelo, de preguntármelo, últimamente cada vez más, y sé que si he de en algún momento decidirme a buscarte, tengo primero que resolver este punto.
Porque además me voy dando cuenta de que no tengo derecho a condenarte a una invisibilidad eterna en mi vida ¿no? Inclusive no sé si no debería hablar de esto con mi familia, aún cuando nunca te encontrara ( tampoco puedo imaginar que eso pase).
Claro está que también tengo el temor de que prefieras que yo permanezca invisible, pero bueno, habrá que enfrentarlo, darle chances al menos a que la realidad se manifieste.
Creo que prefiero asumir ese riesgo a seguir soñando o imaginando nada más.
Por aquí ando hija mía, luchando por dejar salir de mí los sentimientos que siempre estuvieron.
Acordate de hacerte un enorme cartel con tus datos para la marcha del 8. Yo también debería llevar uno, creo.
Lo principal ahora es trabajar conmigo misma y con mis miedos para atreverme a ir, para mantenerme abierta a tu existencia, frente a lo que ha sido el secreto por siempre guardado, el que nadie a mi alrededor conoce.
Te mando todo el cariño que me va emergiendo, que es mucho.
Hispana, tu madre.
Nota: Recuerden que Hispana es un personaje de ficción, como así también las cartas que escribe.
Si lees y tenés un momento, podés dejar tu comentario. Gracias.
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