Quisiera no decir esto que voy a decir, pero es lo que siento; tengo la sensación de estar hablándole a una pared. A un extraño muro de lamentos, al que día a día vengo a dejar mi pedido de reencuentro con mis orígenes. Un muro que está completamente despojado de todo contenido místico; es más, parece no tener ninguna intención de ayudarme.
Cada vez que escribo algo en este blog, o alguna nota en el grupo de facebook, lo hago con la esperanza nueva, intacta como si se tratase del primer intento, de recibir alguna respuesta, alguna pista, algún comentario al menos…
Escribo con la esperanza y la necesidad de ser leída, de ser descubierta por aquellos que tendrían que encontrarme en la inmensidad de este océano que nos abarca a todos, internet. Sin embargo, a estas alturas estoy empezando a sentirme como alguien que ha naufragado, y se encuentra perdida en una isla desierta; cada tanto arrojo a los cielos una de mis bengalas, pero es cierto que acumulo una decepción tras otra, porque NO PASA NADA. ¿ Estaré escribiendo para nadie?
Hace unos minutos estaba leyendo el primer post de este blog, que fue escrito hace poco menos de un año, el lunes siguiente a la fecha del día de la madre de 2009. Y hay cosas que me impresionan; por ejemplo, no me acordaba de que en ese momento tenía la misma sensación de urgencia que empiezo a sentir estos días, voy a decirlo: estos complejos, difíciles días previos a la fecha de LA MADRE. ¡Ay! (A veces pienso si no sería mejor que ni existiera semejante festejo…).
El caso es que este lunes pasado escribí ese post al que le puse carta “urgente” a mi madre; entonces lo que me impresiona es la fidelidad, la repetición en la secuencia de los sentimientos que despierta este tema en un@.¡Qué bárbaro realmente!
Me acuerdo también de que cuando inicié este blog, su título emergió, salió, nació a la luz ( valga la metáfora) como una especie de grito ¡ Aquí estoy familia biológica!
¡Aquí!¡Hey, aquí!¡en las profundidades del olvido! ¡ Aquí! ¡en los abismos insondables de las cosas que se tapan y se niegan! ¡Allí es donde estoy familia! ¡ vengan a buscarme!
A veces pienso en cerrar este blog .Por lo que escribía en los primeros párrafos; porque me hace mal toparme con la sensación de que nadie escucha, ya que nadie responde…es más, las primeras líneas de esta nota, llevan implícita esa conspiración interna mía.
Pero tengo que reconocer, y lo compruebo al ver lo que me pasa cuando releo lo que escribí aquí mismo antes, que este blog me ayuda a historizarme.
No voy a dejarlo; son demasiadas las pérdidas contabilizadas en este asunto, y este espacio me da la posibilidad de dejar constancia para mí, para “ell@s”, para otros a los que pueda servirles, de lo que ocurre en mi alma, en mi cuerpo, en mi corazón,en mis pensamientos y sentimientos, frente a esta búsqueda tan difícil, probablemente insoluble ( ¡ojalá que no!) que hace, no al único, pero sí a uno de los núcleos centrales de mi vida.
En resumen, este blog es una especie de diario de viaje hacia un reencuentro deseado, a la vez que difícil, muuuuy difícil de lograr, que me interesa compartir con esos otros y otras que peregrinan detrás de la misma búsqueda.
…¡ Aquí estoy familia biológica! ¡Hey! ¡Aquí…!¡ Aquí estamos! ¡Somos muchos buscando!
sábado, 9 de octubre de 2010
lunes, 4 de octubre de 2010
Carta urgente a mi madre de origen
Querida madre de origen:
¿Qué mantuvo detenida mi búsqueda esta vez? El cumpleaños de mi marido, que llegó a sus cincuenta. Hicimos una fiesta claro, como corresponde a estos momentos, intentar festejar la vida lo mejor que se pueda.
Bastante gente, más de sesenta personas, un domingo de sol, el jardín lleno de flores recién plantadas y regadas para la ocasión, silloncitos, mesas y manteles distribuidos por sectores, una rica choripaneada y otras cosillas, vino sabroso, una mesa de tortas dulces para chuparse los dedos, y a eso de las cinco de la tarde, un estruendoso canto de feliz cumpleaños resonando en todas las paredes de la casa, para alguien que, humanidad mediante, se merece el cariño, la presencia, la compañía en fin, en un instante de la vida que no deja de tener lo suyo, porque son cincuenta años, con suerte, media vida, es decir, ni más ni menos que el tiempo de vivir que se pasa…
Así es madre, fue un momento intenso, cargado de presencias amigas. No estuviste allí. Tu ausencia forma parte de la larga serie de acontecimientos que no compartimos ni compartiremos, mal que nos pese. Si estaban los padres de él, dos personas grandes ya, con sus achaques pero presentes, y mi madre adoptiva, con sus muchas limitaciones también, pero ahí ( mi padre adoptivo hace años que está postrado en cama). Lo señalo sin reproches, simplemente aludiendo a esta realidad tan fuerte que nos atraviesa, como lo es la de estar indisolublemente unidas por un lazo generado por el hecho de advenir a la vida, pero a la vez aceptar, comprender que esa vida no se compartirá.
Por lo demás, ahora que ya pasó una semana, y voy decantando emociones y acomodando mi cansancio y mis huesos, ya que la corrida de preparativos también fue intensa, quisiera decirte algo que pensé en estos días en relación a “nosotras”.
Es simple: APURATE MADRE Y BUSCAME PORQUE EL TIEMPO DE LA VIDA SE NOS PASA.
Fijate, mi marido ya cumplió cincuenta, Y no deja de sonarme extraño el hecho de que jamás lo viste, no sabes quien es, como piensa, y vaya que es alguien importante en mi vida...
Yo tengo apenas tres años menos que él;también me voy poniendo grande,y no me preocupa tanto por el hecho de que me arrugue, engorde inevitablemente o envejezca ( no te voy a decir que eso no me importa nada…)pero,el hecho de que la vida se me pasa, SE TE PASA...
Sin duda, serás cuando menos, dieciséis, diecisiete años mayor que yo… por favor consideralo. Me interesaría no morirme sin antes conocerte.
Me podés encontrar dando vueltas por acá madre… en este blog, en el grupo de Facebook;tengo expedientes de búsqueda abiertos por todos lados, que La Plata, que la partera Ana María Coria…
Más importante aún, circulo todos los días por las calles de Buenos Aires viviendo la vida, esa misma que, quiero imaginar, vivirás vos.
¿En qué andarás? No me digas que todavía temiendo que salga a la luz nuestra historia…¿cómo explicarte que esa es tan solo una barrera que tenés que animarte a superar? un paso inicial que puede dar lugar a tantas cosas nuevas, buenas…
Dale madre, despertate, reaccioná, escríbime, la nuestra es entre otras cosas, una carrera contra el tiempo…
Quisiera tanto conocerte…
Un abrazo esperanzado
Mónica ( tal vez, solo tal vez, para vos sea Laura)
¿Qué mantuvo detenida mi búsqueda esta vez? El cumpleaños de mi marido, que llegó a sus cincuenta. Hicimos una fiesta claro, como corresponde a estos momentos, intentar festejar la vida lo mejor que se pueda.
Bastante gente, más de sesenta personas, un domingo de sol, el jardín lleno de flores recién plantadas y regadas para la ocasión, silloncitos, mesas y manteles distribuidos por sectores, una rica choripaneada y otras cosillas, vino sabroso, una mesa de tortas dulces para chuparse los dedos, y a eso de las cinco de la tarde, un estruendoso canto de feliz cumpleaños resonando en todas las paredes de la casa, para alguien que, humanidad mediante, se merece el cariño, la presencia, la compañía en fin, en un instante de la vida que no deja de tener lo suyo, porque son cincuenta años, con suerte, media vida, es decir, ni más ni menos que el tiempo de vivir que se pasa…
Así es madre, fue un momento intenso, cargado de presencias amigas. No estuviste allí. Tu ausencia forma parte de la larga serie de acontecimientos que no compartimos ni compartiremos, mal que nos pese. Si estaban los padres de él, dos personas grandes ya, con sus achaques pero presentes, y mi madre adoptiva, con sus muchas limitaciones también, pero ahí ( mi padre adoptivo hace años que está postrado en cama). Lo señalo sin reproches, simplemente aludiendo a esta realidad tan fuerte que nos atraviesa, como lo es la de estar indisolublemente unidas por un lazo generado por el hecho de advenir a la vida, pero a la vez aceptar, comprender que esa vida no se compartirá.
Por lo demás, ahora que ya pasó una semana, y voy decantando emociones y acomodando mi cansancio y mis huesos, ya que la corrida de preparativos también fue intensa, quisiera decirte algo que pensé en estos días en relación a “nosotras”.
Es simple: APURATE MADRE Y BUSCAME PORQUE EL TIEMPO DE LA VIDA SE NOS PASA.
Fijate, mi marido ya cumplió cincuenta, Y no deja de sonarme extraño el hecho de que jamás lo viste, no sabes quien es, como piensa, y vaya que es alguien importante en mi vida...
Yo tengo apenas tres años menos que él;también me voy poniendo grande,y no me preocupa tanto por el hecho de que me arrugue, engorde inevitablemente o envejezca ( no te voy a decir que eso no me importa nada…)pero,el hecho de que la vida se me pasa, SE TE PASA...
Sin duda, serás cuando menos, dieciséis, diecisiete años mayor que yo… por favor consideralo. Me interesaría no morirme sin antes conocerte.
Me podés encontrar dando vueltas por acá madre… en este blog, en el grupo de Facebook;tengo expedientes de búsqueda abiertos por todos lados, que La Plata, que la partera Ana María Coria…
Más importante aún, circulo todos los días por las calles de Buenos Aires viviendo la vida, esa misma que, quiero imaginar, vivirás vos.
¿En qué andarás? No me digas que todavía temiendo que salga a la luz nuestra historia…¿cómo explicarte que esa es tan solo una barrera que tenés que animarte a superar? un paso inicial que puede dar lugar a tantas cosas nuevas, buenas…
Dale madre, despertate, reaccioná, escríbime, la nuestra es entre otras cosas, una carrera contra el tiempo…
Quisiera tanto conocerte…
Un abrazo esperanzado
Mónica ( tal vez, solo tal vez, para vos sea Laura)
miércoles, 11 de agosto de 2010
"Sindrome de..."
Hola tod@s!
No me había perdido en el espacio sideral, no. Aquí estoy, en mi vida, como siempre; tratando de recomponerme de un fenómeno que ya me ha pasado otras veces, y sé que es frecuente en nuestro “gremio”, respecto de este aspecto de nuestras vidas: perdí de repente las fuerzas para incluir esta búsqueda y su anhelo como cuestión cotidiana.
La cosa fue así: hacia el 24 de julio salí unos días de vacaciones, pocos. Paseé, conocí Entre Ríos, recorrí el parque nacional El Palmar, me desenchufé, me hizo bien, volví. Y ahí fue el asunto, porque a poco de llegar, los primeros días me costaba retomar las cosas en general, así que me dije bueno, paciencia...
Pero ya me voy dando cuenta: lo que me está pasando no es la fiaca post días de descanso, sé que se trata del “sindrome”.
¿Cómo llamarlo? ¿de abandono? ¿de auto-abandono? No me parece .Y no me parece porque lo poquísimo que conozco de mis momentos iniciales hablan de un pase inmediato desde la panza de mi madre de origen a las manos de la partera-contacto, quien en muy pocas horas lanza la papa caliente (yo) al acogedor regazo de mis desesperados e inconscientes padres, dispuestos a cualquier cosa con tal de acceder a una hija/o.
No puede llamarse entonces sindrome de abandono. No. Sencillamente porque mi madre de origen no me abandonó: ella fue una víctima más de una cadena de delitos disfrazados de bondad, como también lo soy yo, como también en algún sentido lo son mis “ falsamente adoptantes” padres. Y no creo tampoco estar siendo presa de un mecanismo de negación al decir esto.
De lo que si estoy segura es de que existe un sindrome que por ahora enunciaría así, con puntos suspensivos: “ sindrome de…”,para el que no encuentro rotulación alguna hasta el momento, aunque puedo intentar explicar en qué consiste: es una situación que se da en aquellos que buscan sus orígenes por largo tiempo ( en mi caso algo más de quince años), por la cual, muchas veces a través de ciclos repetitivos, la búsqueda en sí y las fuerzas que ella requiere, se debilitan de manera más o menos transitoria y en mayor o menor envergadura , o bien en forma pasajera, en cuyo caso rápidamente se retoma, o bien se establece a lo largo de un tiempo prolongado, con lo cual las fuerzas se esfuman hasta llegar en algunos casos a desaparecer, sumiendo entonces a nuestra búsqueda en un estado de olvido y abandono que puede transformarse en una actitud permanente.
Supongo que es algo que en mayor o menor medida nos va pasando a tod@s los que buscamos, algo con lo que hay que luchar para que no se establezca, dejándonos nuevamente anclados en ese punto inicial de borramiento de nuestro origen, ese instante histórico que nos pertenece y en el cual, de quiénes veníamos, quién nos estaba pariendo,pareció ser un dato no importante.
A diferencia de algunos años atrás, al menos a mí esta tendencia de afloje ya me invadió antes,algunas herramientas a nuestro alrededor son de ayuda.
Estos espacios de intercambio internaúticos es una de ellas. Este blog, otros sobre el tema, nuestro grupo en Facebook, junto a los muchos otros que existen son lugares donde podemos compartir lo que nos pasa, como nos sentimos con todo esto sin necesidad de acorazarnos durante meses o años; quizá hasta definitivamente.
Es más, a veces me pregunto si no sería bueno que estos espacios virtuales sean en realidad puntos iniciales de contacto a partir de los cuales generemos de los otros lazos, los del tiempo real, aquellos que suponen encontrarse para compartir en vivo y en directo. De hecho hay quienes ya lo hacen desde hace tiempo, y resultan en intercambios enriquecedores.
Por lo demás, es obvio, pero a decirlo, existe una enorme esperanza y posibilidad implícita en el no cerrar las búsquedas, en el no cerrarse: ella es ENCONTRAR. Alguna vez por fin encontrar. Nuestros orígenes, nuestros padres, hermanos…he ahí nuestra enormísima y gran esperanza respecto de todo este asunto.
Por supuesto que me gustaría, es más, les pido que me cuenten como viven ustedes estas cosas, si también padecen de vez en cuando algo parecido a este sindrome ( sé que lleva acento pero me gusta así…) ,que, ¿cómo lo llamarían?
Por último, una sola cosa más quisiera contarles: hay muchas cosas respecto de esta búsqueda, en las que no podría dar absoluta fé de mí; por ejemplo, no estoy exenta en absoluto de que de tanto en tanto se apodere de mis fuerzas
“ el sindrome”…es más, como les dije al comienzo, cada tanto me pasa, de ahí que llegué a identificarlo.
Tampoco sé si tendré las fuerzas para rescatarme siempre, creo que sí he de intentarlo, porque soy de lucharla…
Pero hay algo, una sola cosa de la que estoy absolutamente segura respecto de el asunto completo: jamás se va a apagar en mí la esperanza de encontrar; aunque se me pase toda la vida que me queda esperando que el milagro se produzca. Es más, hasta tengo una imagen que me acompaña, bastante loca por cierto.
Me veo a mí misma en mi lecho de muerte (dentro de muuuuchos años…) rodeada de mis seres queridos, en paz eh? En paz con la vida vivida. El caso es que un momento dado, toda arrugada yo, tomada de la mano de una de mis hijas seguramente, pregunto: ¿ alguna novedad sobre mi búsqueda?
Y sí…¡hasta el final!
¿Acaso no es la nuestra de esas búsquedas que cuando menos merecen desearse, esperarse, realizarse, hasta el final de nuestros días?
No me había perdido en el espacio sideral, no. Aquí estoy, en mi vida, como siempre; tratando de recomponerme de un fenómeno que ya me ha pasado otras veces, y sé que es frecuente en nuestro “gremio”, respecto de este aspecto de nuestras vidas: perdí de repente las fuerzas para incluir esta búsqueda y su anhelo como cuestión cotidiana.
La cosa fue así: hacia el 24 de julio salí unos días de vacaciones, pocos. Paseé, conocí Entre Ríos, recorrí el parque nacional El Palmar, me desenchufé, me hizo bien, volví. Y ahí fue el asunto, porque a poco de llegar, los primeros días me costaba retomar las cosas en general, así que me dije bueno, paciencia...
Pero ya me voy dando cuenta: lo que me está pasando no es la fiaca post días de descanso, sé que se trata del “sindrome”.
¿Cómo llamarlo? ¿de abandono? ¿de auto-abandono? No me parece .Y no me parece porque lo poquísimo que conozco de mis momentos iniciales hablan de un pase inmediato desde la panza de mi madre de origen a las manos de la partera-contacto, quien en muy pocas horas lanza la papa caliente (yo) al acogedor regazo de mis desesperados e inconscientes padres, dispuestos a cualquier cosa con tal de acceder a una hija/o.
No puede llamarse entonces sindrome de abandono. No. Sencillamente porque mi madre de origen no me abandonó: ella fue una víctima más de una cadena de delitos disfrazados de bondad, como también lo soy yo, como también en algún sentido lo son mis “ falsamente adoptantes” padres. Y no creo tampoco estar siendo presa de un mecanismo de negación al decir esto.
De lo que si estoy segura es de que existe un sindrome que por ahora enunciaría así, con puntos suspensivos: “ sindrome de…”,para el que no encuentro rotulación alguna hasta el momento, aunque puedo intentar explicar en qué consiste: es una situación que se da en aquellos que buscan sus orígenes por largo tiempo ( en mi caso algo más de quince años), por la cual, muchas veces a través de ciclos repetitivos, la búsqueda en sí y las fuerzas que ella requiere, se debilitan de manera más o menos transitoria y en mayor o menor envergadura , o bien en forma pasajera, en cuyo caso rápidamente se retoma, o bien se establece a lo largo de un tiempo prolongado, con lo cual las fuerzas se esfuman hasta llegar en algunos casos a desaparecer, sumiendo entonces a nuestra búsqueda en un estado de olvido y abandono que puede transformarse en una actitud permanente.
Supongo que es algo que en mayor o menor medida nos va pasando a tod@s los que buscamos, algo con lo que hay que luchar para que no se establezca, dejándonos nuevamente anclados en ese punto inicial de borramiento de nuestro origen, ese instante histórico que nos pertenece y en el cual, de quiénes veníamos, quién nos estaba pariendo,pareció ser un dato no importante.
A diferencia de algunos años atrás, al menos a mí esta tendencia de afloje ya me invadió antes,algunas herramientas a nuestro alrededor son de ayuda.
Estos espacios de intercambio internaúticos es una de ellas. Este blog, otros sobre el tema, nuestro grupo en Facebook, junto a los muchos otros que existen son lugares donde podemos compartir lo que nos pasa, como nos sentimos con todo esto sin necesidad de acorazarnos durante meses o años; quizá hasta definitivamente.
Es más, a veces me pregunto si no sería bueno que estos espacios virtuales sean en realidad puntos iniciales de contacto a partir de los cuales generemos de los otros lazos, los del tiempo real, aquellos que suponen encontrarse para compartir en vivo y en directo. De hecho hay quienes ya lo hacen desde hace tiempo, y resultan en intercambios enriquecedores.
Por lo demás, es obvio, pero a decirlo, existe una enorme esperanza y posibilidad implícita en el no cerrar las búsquedas, en el no cerrarse: ella es ENCONTRAR. Alguna vez por fin encontrar. Nuestros orígenes, nuestros padres, hermanos…he ahí nuestra enormísima y gran esperanza respecto de todo este asunto.
Por supuesto que me gustaría, es más, les pido que me cuenten como viven ustedes estas cosas, si también padecen de vez en cuando algo parecido a este sindrome ( sé que lleva acento pero me gusta así…) ,que, ¿cómo lo llamarían?
Por último, una sola cosa más quisiera contarles: hay muchas cosas respecto de esta búsqueda, en las que no podría dar absoluta fé de mí; por ejemplo, no estoy exenta en absoluto de que de tanto en tanto se apodere de mis fuerzas
“ el sindrome”…es más, como les dije al comienzo, cada tanto me pasa, de ahí que llegué a identificarlo.
Tampoco sé si tendré las fuerzas para rescatarme siempre, creo que sí he de intentarlo, porque soy de lucharla…
Pero hay algo, una sola cosa de la que estoy absolutamente segura respecto de el asunto completo: jamás se va a apagar en mí la esperanza de encontrar; aunque se me pase toda la vida que me queda esperando que el milagro se produzca. Es más, hasta tengo una imagen que me acompaña, bastante loca por cierto.
Me veo a mí misma en mi lecho de muerte (dentro de muuuuchos años…) rodeada de mis seres queridos, en paz eh? En paz con la vida vivida. El caso es que un momento dado, toda arrugada yo, tomada de la mano de una de mis hijas seguramente, pregunto: ¿ alguna novedad sobre mi búsqueda?
Y sí…¡hasta el final!
¿Acaso no es la nuestra de esas búsquedas que cuando menos merecen desearse, esperarse, realizarse, hasta el final de nuestros días?
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